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El año en el que nos unimos más

«Para sentirse feliz y realizado hace falta ser generoso»

Mario Alonso Puig

Cada año nos propone un reto diferente. El 2017 se despliega ante nosotros como un camino escarpado y difícil. Mayor razón para atacar su cumbre con empeño. En donde la mayoría ve tiempos turbulentos, hoy tenemos la posibilidad de encontrar la oportunidad de unirnos para plantarle la cara a la negatividad y la desilusión. Enfrentarnos a la intolerancia con comprensión, a la desidia con ciudadanía y a la violencia con amor.

El referéndum en Gran Bretaña, el plebiscito en Colombia y las elecciones presidenciales en Perú y Estados Unidos nos han dejado un gran desconcierto. El comunicador M. Zanzucchi ha declarado después de conocer las elecciones en el país del norte que  “la democracia debe ir al psicoanalista, muy a menudo se vota contra quien gobierna sin mirar lo que el pueblo necesita”. La situación reclama una seria reflexión sobre todo porque es en este descontento donde surge la violencia. Son comportamientos ocasionados por un desequilibrio cultural, alimentados por tesis extremistas, cuya única forma de control es la educación y el conocimiento.  Sería muy cómodo echarle la culpa sólo al gobierno o a la clase política. En fin de cuentas la clase política es el reflejo de lo que somos; es lo que merecemos. El deterioro de las costumbres, de las relaciones, de los valores deriva de algo mucho más amplio y difundido; y todos somos responsables. Para superar esta situación se debe empezar por nosotros mismos.

El camino que proponemos es participar más activamente como ciudadanos e integrarnos. Como lo hicieron los japoneses y sus descendientes en Perú. El Grupo Kyodai alienta esta ruta. No hay que negar las adversidades con una esperanza falsa, ni aceptar las cosas como están. En este enfoque  ponemos la atención en las soluciones, ese cambio en el foco tiene un enorme impacto que se traduce en una acción muy concreta: participación. Para nosotros inmigrantes trabajar cooperativamente y participar en sinergia aprovechando la coyuntura ya que Japón nos mira.

La urgencia de un comprometerse en esta participación nos servirá para identificar los problemas, las situaciones, las necesidades y marginaciones de cualquier tipo. Significa estar más presente y activo en cada uno de nuestros aspectos de la vida. Relacionar a los hombres entre ellos para que surjan elementos de una nueva cultura más diversa y pacífica. Eliminando la intolerancia y la violencia con amistad y trabajo en equipo. El proceso de transformación implica un enorme compromiso y ahí está la dificultad. Hay que creérselo para vivir de acuerdo a ello. Quien realmente se lo cree, experimenta una manera radicalmente distinta de vivir. Se libera y se realiza.